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En una carilla: Si los infieles no van a la montaña...

Da mucho miedo. Mahoma me recuerda a Candyman y si lo nombras más o peor de lo debido, alguien aparecerá para atacarte. La matanzade Bengasi se me antoja la más nefasta y sin embargo efectiva campaña de promoción para cualquier producto audiovisual que haya existido jamás.

El salafismo es un acelerante combustible de gran rapidez: le acercas una pequeña llama et voilá, ya tienes un gran infierno montado. El problema reside en que cualquier cosa puede ser una pequeña llama: la caricatura de su profeta en una viñeta nórdica, una niña discapacitada que profana su libro sagrado o una seudopelícula satírica. No existe libertad interpretativa cuando se trata del Corán.

Y nadie lo ignora. Los Monty Python produjeron la genial La vida de Brian y no la de Abdel porque sabían lo que había en juego. También lo sabía el equipo de esta creación audiovisual a los que sinceramente imagino pensando que se les ha ido de las manos la broma, no tanto por lo inoportuno de su obra sino por sus consecuencias. Pondría la mano en el fuego porque ahora mismo el equipo de esa pieza está en el Top Five de gente más asustada del mundo.

Ahora Obama debe contraatacar y no, no es algo opinable. En plena carrera presidencial Obama debe dar ejemplo de mano dura sino quiere que se diluyan sus aspiraciones de renovar mandato; los republicanos ya andan haciéndole culpable de lo ocurrido en la embajada estadounidense en Libia. Y de repente entendemos que todo es política, hasta la muerte de varias personas, y todo se vuelve asqueroso, turbio, vomitivo.

Las muertes que vengan (porque vendrán) como consecuencia de todo este maremoto tendrán que ser cargadas a la cuenta de unos creyentes a pies juntillas de lo que otros le cuentan y, no sé por qué, me da que estos mandamases islamistas lo son más de boquilla que de fe. Pero también que le apunten algún muerto a los Estados Unidos que de forma muy cristiana van a guardarse su otra mejilla para golpear a la de su enemigo.

A todo esto, y quien me conozca lo sabe, soy defensor a ultranza de la libertad de expresión pero... cojones míos, ¿no lo sospechabais ni un poquito?

En una carilla: No volver a empezar, otra vez

Ahora que nada hago desearía volver a hacer lo que antes nunca quise. Hoy que mis horarios son demasiado laxos para incumplirlos, añoro el toque de campana de las ocho y media de la mañana, las seis horas que le seguían y la otra campana de fin de cautiverio. Da comienzo el curso lectivo y estoy hecho un ni-ni.

El censo de hijos de Satanás que comúnmente merodea mi barrio empieza a desaparecer y créanme, lo agradezco de corazón. No obstante, esta publicación no trata sobre ellos sino sobre mí y mis ganas de reír entre amigos sin más preocupación que un examen cada cierto tiempo.

Nunca fui mal estudiante pero tampoco me considero un empollón. Tuve la suerte de saber mantener un preciado equilibrio entre aprobar todo y pertenecer a ese grupúsculo de gente que mola en el instituto; en el instituto la bendición es ser el mejor de los peores. Aproveché esa condición lo mejor que supe, que fue bastante, y crecí en amigos, en risas y en todo lo demás; menos en tías. En tías nunca crecí.

El tiempo va discurriendo. Seis años pasan lento cuando quieres escapar de ellos pero demasiado rápidos cuando los dejas atrás. Se te escurren las risas, lo que aprendiste y casi los amigos. A mi se me ha fugado todo.

Ahora que los niños lloran, se quejan o patalean yo daría mil gracias por volver al boquete de donde vine. Crecer no es el chollo que piensas cuando eres niño pero lo comprendemos demasiado tarde.

Quizá piense todo esto porque he terminado la carrera en el peor momento histórico posible y el mercado laboral me levanta el dedo cuando me acerco a él con mis mejores intenciones.
Quizá aconsejaros que sigáis los máximos años posibles bajo el amparo de ser estudiante no sea lo más ético.
O simplemente, quizá sea algo común en los seres humanos: ahora que no puedo, es cuando más quiero.

PD. Madres que tiran Tuppers… ¡Apuntad!

En una carilla: Hoy nada de nada

Hoy debería cumplir con la promesa que me hice unos pocos días atrás: publicar de lunes a viernes una columna para este blog sin otra máxima que desempolvar mis viejos conceptos de redacción e ir haciendo el cuerpo al oficio de escribir. El problema es que no siempre existen temas adecuados para hacerlo.

No puedo escribir sobre el toro de Tordesillas. No puedo porque siento que me hierve la sangre que se derrama sobre su tierra; porque me duelen los lanceros más que las lanzas; porque la palabra fiesta nunca tuvo menos sentido. No os manifestéis con el SAT porque da mala imagen para los potenciales inversores en nuestro país pero podéis atravesar a un animal con lanzas que eso siempre hace bonito.

No puedo escribir sobre la manifestación catalanapor la independencia. No puedo porque aunque agradezco la falta de violencia terrorista en sus peticiones, me pregunto qué sería de ellos sin España. No sé si se habrán planteado que a lo peor, les iría peor.

No puedo escribir sobre el día en que estamos. Soy consciente de que cientos de personas mueren cada día en países subdesarrollados y nadie mueve un dedo pero eso no es incompatible con la congoja que sufrí hoy en 2001. Soy hijo de mi generación y la retrasmisión del horror en directo acaba calando más que las noticias desamparadas, aunque estas sean igual de graves.

No puedo escribir sobre el ejemplo que me supone Andy Murray. Aunque la persistencia en uno mismo aún a la sombra de otros me parezca un modelo de conducta, no puedo escribir sobre ello porque hoy, justamente hoy, juega España. Eclipse de gol.

No puedo escribir sobre Tuppers, entrevistas presidenciales teatralizadas o asesinos con derecho a morir dignamente. No puedo hacerlo porque se me agota la carilla que me doy para hablar sobre todo eso.

Perdónenme si hoy no les hablo de nada.

En una carilla: El cuento de Pedro y Ryanair

“#AventuraRyanair”. Este es el hashtag que utiliza un amigo cada vez que realiza un vuelo con la compañía irlandesa pero a la luz de las últimas noticias, creo que debería evolucionar a cosas como #Rezadvuestrasoraciones o #Aterrizacomopuedas.

Aterrizajes forzosos por falta de combustible o una tripulación que ignora al pasajero parecen motivos más que suficientes para pedir explicaciones a una compañía ya muy cuestionada por sus métodos. A esto se le suma el incidente de las chinches, lo que bien podría ser una broma parodiando a la conocida Serpientes en el avión; la cómica gota que colma el vaso.

Estamos probablemente ante el cuento de Pedro y el lobo en su versión actualizada y aérea. Algún día pasará algo y entonces, ya sin escondernos, gritaremos en los medios que se veía venir, que cómo se les permitía volar y habrá hasta quien asegure que vio un moro subir a aquel avión con un paquete sospechoso.

¿Por qué volamos con ellos entonces? Porque podemos. Veo en Twitter quien espeta: “¿Qué más necesitáis que pase para dejar de jugaros la vida?” Pues dinero; necesitamos dinero. Si se quiere reducir el paro juvenil en nuestro país, que derriben cada vuelo de Ryanair que despegue desde nuestros aeropuertos; casi seguro que el 90 % serán jóvenes con pocos ingresos. Somos modestos hasta para emigrar.

Si no podemos permitirnos los pasajes que ofrecen las compañías de primera línea, tendremos que arriesgarnos con las lowcost. “Me ahorro un pastón y la verdad es que casi nunca pasa nada”, pensamos, “y no voy a tener yo la mala suerte de que me pase a mí”. Por eso en Ryanair casi siempre se aplaude al aterrizar.

Quien esperase una opinión firme sobre el tema va a tener que quedarse esperando porque la verdad es que no la tengo. Supongo que yo sería de los locos que eligen a la compañía irlandesa y eso que me asusta hasta montarme en la noria… Pero mi cuenta corriente me da más miedo.

En una carilla: No Olviden masturbarse

Llego tarde. Del “¡Más follar y menos joder!” al “ver la paja en el ojo ajeno”, los mejores comentarios ya se han escrito, recitado y repetido en los medios de comunicación de masas y de mesas. Llego tarde pero mejor llegar tarde que no llegar… y sobre todo, mucho mejor que irse demasiado pronto.

Que una mujer se masturbe, sea limpiadora de escaleras, concejala de Toledo o reina de España no me parece sino un signo de salud y vitalidad. En cambio, sí me debo avergonzar de aquellos que salen a la calle a proferir insultos en escenas propias de la inquisición como una forma de ocultar a gritos en la calle lo que muestran en silencio en sus hogares.
Que una parte de la población de Los Yébenes, por pequeña que sea, comiencen a gritar “puta” y “zorra” a una mujer por algo que todos hacemos… Eso, permítanme, me preocupa bastante más.

La vergüenza o, mejor dicho la falta de ella, la encuentro en la persona que difunde un vídeo privado con la intención, no lo duden, de hacer daño. El único error achacable a la edil socialista es su falta de criterio a la hora de elegir una persona en quien confiar. Si se confirma que el vídeo se empezó a difundir desde el ordenador de la alcaldía, os juro que quiero oír sus explicaciones.

Ya han dicho que no han contribuido a la propagación MASIVA del video. A lo mejor se lo pasaban entre ellos para imaginar escenas lujuriosas con la señora Olvido entre los asientos del pleno; me imagino la película: Cuando termina un pleno, comienza el desenfreno. En cualquier caso, la vergüenza del difusor debería ser mucho mayor que la de la difundida; Olvido sólo seguía el ejemplo de un país que se alivia como puede.

Siempre defenderé la masturbación como algo sano y natural, divertido y recomendable. A los que quieran lavar sus trapos sucios en la casa de otros les diré que todavía algunos no nos chupamos el dedo. Bueno, a veces sí… Cosas de la lubricación.

Yo personalmente, agradezco a la masturbación lo mucho que me ha enseñado. ¿Cómo iba sino a ser capaz de escribir todo este artículo tecleando con una sola mano?

En una carilla: ¡Angelamerkelízate!

“Señora, perdónalos porque no saben lo que hacen”. De esta bíblica manera me imagino hoy la visita de la señora Merkel a nuestro país; obviamente, ella es Dios y Rajoy el pobre presidente de un país de pecadores. De esta bíblica manera me imagino rogando a nuestro presidente el perdón para un pueblo de pecadores, bandoleros de comercios y, a la vista de eso que llaman Europa, casi revolucionarios anarquistas.

Necesitamos de un superhéroe que nos rescate porque oye, ya que nos van a rescatar, que lo hagan de una forma que quede para el recuerdo. Yo voto porque aparezca un hombre enmascarado en la Moncloa, vestido de verde y con una capa hecha de billetes y grite con acento foráneo: “¡Soy Rescueman, el superhéroe de los rescates! Te dejo dinero para después cobrártelo más caro”. Nos rendiríamos a él: “Oh, gracias Rescueman, gracias por tu interés en ayudarnos”, a lo que contestaría: “No, gracias a vosotros por vuestros grandes intereses hijo”.

Dicen que somos culpables por haber vivido por encima de nuestras posibilidades y oye, puede que sea cierto. No sé muy bien que significa esa afirmación pero supongamos por un momento que somos culpables de ello. Me preguntó yo: lo seremos todos, ¿no? No entiendo dónde queda la moral si el castigo es quedar bajo el amparo de un Robin Hood disléxico.

Hoy Merkel y Rajoy se reúnen para decidir cuál es la mejor forma para darnos “fuerte y flojito”, qué nuevos esfuerzos debemos realizar para sacar este barco a flote. El barco que se nos llenó de rata con camarotes en primera clase y en el que los que debimos ser capitanes, andamos cargados con el carbón para las chimeneas. El motor se nos ha calado y tenemos que ser remolcados hasta orillas que luchamos por abandonar algunas décadas atrás.

Mientras aprendo idiomas y miro ofertas de vuelo me viene a la cabeza algún fragmento chirigotero del año 2000 donde Los de Capuchinos cantaban al son del Juntos de Karina: “Juuuntos, y el euro también, va a se´ un liaso del carajo… Juntos, si España va bien, joé pa´ que nos rejuntamos…” Pues eso.